Juan Acevedo Fernández descubrió por azar que estaba habitando su propia memoria familiar. Tiene 34 años y vive en la calle Augusto Figueroa, en el centro de Madrid. Un día, buscando un documento para renovar el pasaporte de su abuela, leyó una dirección que le sonó cercana: Gravina 7, piso principal. Era el edificio que veía todos los días al doblar la esquina. Se metió en el catastro municipal, comprobó los datos y se quedó inmóvil. “Dije: ‘Pucha, estoy viviendo a cien metros’. Sin saberlo, volví al punto de partida”, recuerda. Allí, en ese mismo edificio, el 7 de octubre de 1928, había nacido su abuelo Jesús Fernández Merino. Casi un siglo después, su nieto había regresado al lugar donde todo empezó.