Ocurrió en los ochenta. Una serie de artistas y grupos cantaban en inglés sin ser originarios de países de habla inglesa (eran alemanes, italianos, franceses o belgas) y gozaban de éxito en sus países de origen y otros del sur de Europa que apreciaban sus letras sencillas en el idioma de Shakespeare (ejemplo: Live/Na-na-na-na-na/Live is life/na-na-na-na-na) y sus bases pegadizas, a menudo muy unidas a la música disco. Y de repente, tuvieron éxito también en Inglaterra, un país habitualmente cerrado a cal y canto para artistas no anglófonos y más exportador que importador de glorias musicales. Estos éxitos solían darse en otoño y durar muy poco: tras un hit o dos (los casos de Sabrina, Nena o Spagna), desaparecían y volvían a ser famosos, simplemente, en el sur de Europa.