Como bien saben mis lectoras y lectores habituales, cada entrega de El juego de la ciencia se plantea a partir de la anterior y en relación con los comentarios que, como no me canso de repetir —y de agradecer—, hacen de esta sección algo más que una mera colección de pasatiempos lógico-matemáticos. Pero en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, un breve paréntesis vacacional con acceso limitado a la red me obliga a anticipar la entrega de esta semana, con lo que no podrá entroncar con unos comentarios que aún no se han producido. De modo que, esta vez sí, la sección será una mera colección de problemas.