
Lo cantaba Georgie Dann y es patrimonio inmaterial de los dorados días de verano: el chiringuito. El templo donde disfrutar de gambas al ajillo, salpicones frescos, arroces caldosos, carnes a la parrilla o frituras placenteras; el lugar ideal para espantar al calor con gazpacho, salmorejo y tinto de verano, donde tomar un helado sin prisa antes de la siesta, o darle al aperitivo con un platito de aceitunas y un pincho de tortilla.






