Este martes, prácticamente todo Chile quedó a oscuras. Un fallo en una línea de transmisión eléctrica llevó a que el presidente Gabriel Boric decretara el estado de excepción y un toque de queda. Aunque tras siete horas se empezó a restablecer el servicio, en la mira de las autoridades y la sociedad chilena quedó ISA InterChile, la compañía que opera las líneas de alta tensión y que es de propiedad de la colombiana Grupo ISA. Se trata de un traspié notorio para una multilatina de mayoría estatal que está inmersa en una fuerte puja intestina entre sus principales accionistas, que gira alrededor de la designación de un presidente que ha recibido el rechazo de los minoritarios.
