La motivación para entrenar, fijar una rutina o la posibilidad de conocer a personas y compartir aficiones son tres de las razones que explican por qué las aplicaciones deportivas, convertidas hoy en redes sociales, están en la cresta de la ola. Así lo demuestran las descargas, que se han multiplicado en el último lustro, y así se percibe también entre los usuarios, que cada vez se cruzan con más conocidos en su perfil digital. Si bien los beneficios no se cuestionan, cada vez hay más voces que ponen el foco en la otra cara de la moneda, ya que un uso excesivo genera frustración, estrés o la asunción de riesgos innecesarios.