Cuando el Tribunal Supremo dio la razón en mayo al Gobierno aragonés y ordenó la devolución de las pinturas románicas de Sijena expuestas en el MNAC, en la Cataluña institucional se hizo el silencio. La Generalitat, principal patrón del museo catalán, dijo que acataría la sentencia y ordenó bajar el volumen al mínimo nivel, mientras que el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) apenas apeló a criterios técnicos para mostrar que el fallo era inejecutable, ya que los restos de los murales sufrirían daños irreparables ante cualquier movimiento. Así han transcurrido dos meses, hasta que esta semana el president Salvador Illa ha reaccionado de forma inusual y por dos veces ha reclamado a Aragón que agradeciera a Cataluña haber salvado y cuidado ese patrimonio artístico durante 80 años. Y el museo, a la par, ha salido a la defensiva justo cuando un equipo técnico aragonés analizaba los murales en sus instalaciones. El cambio responde a una razón: el hastío por el bombardeo diario de ataques del Gobierno de Aragón, que consideran basados en falsedades.