En la sesión de control de este miércoles, Sílvia Orriols ha acusado al gobierno de la Generalitat de financiar “el terrorismo islámico que atenta contra Israel”. El amparo de la inmunidad del Parlament tiene estas cosas, que en ocasiones permite soltar barbaridades con total desfachatez sin estar obligado a dar cuentas por ello. Aunque el president pusiera en duda si la líder ultra había cruzado la línea de lo permisible –“alerta con la afirmación que hace en sede parlamentaria”-, la frase ha pasado sin más, porque la extrema derecha nos está acostumbrando a la vocinglería de taberna en cualquier escenario, a unas formas que hasta hace poco sólo se le escuchaban a alguna gente a partir del cuarto chupito. No quiero usar la manida parábola de la rana hirviente, aunque es la primera que se le viene a uno a la cabeza. Orriols se refería a la concesión de 800.000 euros de la Generalitat a la organización de la ONU para los refugiados de Palestina, la UNRWA. Para estos nuevos políticos con mensajes medievales, las Naciones Unidas ya no son una institución respetable ni respetada: claro, ¿a quién le interesa una asociación multilateral nacida tras la caída del nazismo para resolver pacíficamente los conflictos entre naciones?