Se acordarán, quién no se acuerda. De ese cine de verano, en el pueblo, por la noche, con todos recién duchados, el pelo mojado, el olor a aftersun y nuestro cojín traído de casa para soportar las sillas durísimas. Y la peli que no empieza, que va media hora tarde, que nos hemos acabado ya el bocata —también traído de casa— y nada. Y todos con el “que empiece ya, que el público se va…”. Esa sensación de que, ya que estamos, nos quedamos, hay que verla, pero vamos a volver tardísimo, esto no empieza, pero ¿qué pasa, cuánto le falta, por favor?
